Educar para la libertad

Aborto: ¿hay vidas que valen más que otras?

Profesora: Carolina Sánchez Agostini

Hay que delimitar la discusión: en la medida en que implica la muerte de un ser humano, el dilema “legal o clandestino” no tiene asidero para considerar la cuestión del aborto.

Una de las máximas en psicología es: “Para poder solucionar un problema, lo primero es poder reconocerlo con claridad. Entender cuál es, cómo es, en qué me afecta concretamente. Poder identificarlo, delimitarlo”.

Un mismo problema puede verse desde múltiples perspectivas. Eso es interdisciplina, pluralidad; enriquece, permite la profundización, brinda una visión más integral.

En el debate sobre el aborto no estamos viendo el mismo problema desde distintas perspectivas. No estamos frente a un mismo conflicto abordado desde distintas visiones. El problema, sobre el problema, es que estamos debatiendo distintas cosas.

En la ciudad de Buenos Aires, una marcha contra el aborto portando el muñeco de un feto gigante (Juan Manuel Foglia)

El punto de partida: hay dificultades reales, en nuestra sociedad, que no encontrarán respuestas. Los embarazos no deseados, la violencia contra la mujer, la falta de educación, la pobreza y vulnerabilidad que dificulta sacar adelante una familia, por mencionar sólo algunos.

Ahora bien, este debate no se ha planteado en términos de buscar soluciones de fondo. No es eso lo que se está discutiendo. Se está discutiendo específicamente una respuesta: el aborto.

El verdadero eje de este debate es: ¿es aceptable que la solución sea una práctica que implica la muerte de un ser humano?

Es este el planteo al que hay que darle una respuesta, que será la que condicione todo lo demás.

El debate no es “¿hay vida o no?”. La ciencia ya nos ha resuelto ampliamente esa cuestión: hay vida desde la concepción. Es un ADN completamente diferente al de la madre, un ser humano con toda la carga genética que tiene cualquiera de nosotros.

El debate no es “aborto legal o aborto clandestino”. Eso depende de qué se resuelva respecto al planteo inicial. No alcanzaría el espacio para enumerar la cantidad de prácticas que se realizan clandestinamente y que ponen en riesgo la vida y la integridad de las personas. Si es una práctica inaceptable porque implica la muerte de un ser humano, entonces no puede ser ni legal, ni clandestino.

¿Cómo solucionar el flagelo de la pobreza y vulnerabilidad en el que se encuentran tantas mujeres? ¿Cómo mejorar la educación sexual integral, prácticamente ausente en nuestro país, para enseñar a cada niño, niña y adolescente a construir un proyecto de vida libre y responsable, para enseñar a respetar y a no violentar nunca a otra persona? ¿Cómo mejorar la convivencia social para que nuestro país sea un lugar inclusivo y no expulsivo?

El aborto no soluciona el problema de la vulnerabilidad y la pobreza. El aborto no aleja a la mujer del hombre que la violenta. El aborto no da educación para construir un proyecto de vida y para aprender a respetar.

El 20 de mayo pasado, una marcha «pro vida», contra el aborto, recorrió el centro porteño (Juan Manuel Foglia).

Este debate no está planteado en términos de brindar soluciones; sólo busca la respuesta definitiva a la pregunta: ¿Es aceptable aprobar una práctica que implica la muerte de un ser humano?

A todos nos remueve leer las noticias y ver que, prácticamente todos los días, mataron a alguien para robarle, por venganza, por violencia doméstica, por una pelea callejera, entre otros. En ese instante, paro y pienso: ¿cómo hace para salir adelante una madre detrás de esa/ese adolescente? ¿Y esos hijos que se quedaron sin madre? ¿Y ese adolescente que hipotecó su vida por una moto?

Jamás podremos acostumbrarnos a las noticias que transmiten que una vida vale menos que una moto, un enojo, una venganza o una elección de otro. No debemos anestesiarnos frente a noticias que expresan que nuestra vida no nos pertenece, sino que está a expensas de la decisión de alguien más.

Este miércoles se decidirá algo muy importante. No es algo aislado, es algo que se convertirá en un boomerang para muchas otras situaciones que día a día están sobre la mesa: En Argentina, ¿cuánto vale la vida? ¿Hay vidas que valen más que otras?

 

Carolina Sánchez Agostini es Psicóloga y magister en Matrimonio y Familia. Profesora de la Universidad Austral.

Por: Carolina Sánchez Agostini
Publicado originalmente en Clarin el 13 Junio de 2018

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